Desde 1993 · Sejas de Aliste, Zamora
Pintando
en Sejas
Cada verano, desde hace más de treinta años, un grupo de pintoras y pintores se reúne durante una semana en Sejas de Aliste, un pueblo de la Zamora profunda, a pintar al aire libre. No es una escuela ni un taller al uso: es un encuentro anual, abierto y en gran medida libre, donde lo que se comparte tanto como las técnicas son las mesas, las conversaciones y los caminos.
El origen
Una casa que pintaba
En la casa-taller de Sejas donde Margarita Pertejo y Ricardo Segundo vivían con sus cinco hijos, pintar era la ocupación habitual de la familia. Lo normal. Ellos, como artistas consagrados, y los hijos —Gloria, la menor— compartían lápices, pinceles y disciplina como otra forma más de juego.
Gloria pintó su primer óleo del natural a los nueve años. A los dieciocho se fue a estudiar fuera, pero la relación con el pueblo se mantuvo intacta: cada verano volvía a dibujar, sola o acompañada de hermanas y madre, después con sus hijos. A principios de los años noventa, cuando algunas amigas le pidieron pasar unos días "haciendo mano" y otros conocidos preparaban el ingreso a Bellas Artes o Arquitectura, aquella rutina familiar se convirtió, casi sin querer, en una cita anual.
De aquellos comienzos hasta hoy, más de tres décadas. La Sala Ricardo Segundo de Sejas, que lleva el nombre del padre, se ha consolidado como uno de los espacios de las jornadas.
Yo no lo definiría como taller. Esta fórmula de acercarse a la pintura es algo muy libre, por eso creo que funciona.
— Gloria G. Pertejo
Lo que se pinta
Aliste y la raya con Portugal
Montar el caballete en Sejas significa tener delante alisos, chopos, olmos, robles, huertas, frutales, fuentes, pinos, castaños, viñas, zarzas con moras, molinos, arroyos, eras, praderas y, al fondo, las montañas de Portugal. La arquitectura tradicional —pizarra, cercados, muros de piedra— también entra como motivo.
Verdes profundos y oscuros, sombras, amarillos, ocres, tierras y la llanura. La luz alistana tiene su propio carácter, y la cercanía con Trás-os-Montes abre el horizonte cromático de la zona transfronteriza.
Los pueblos de los alrededores —Alcañices, San Mamed, Ceadea, Nuez— y la freguesía portuguesa de Quintanilha forman parte habitual de los recorridos.
Lo que rodea al pincel
Comer, andar, hablar
Tan importante como pintar son la organización del descanso y las conversaciones. Las jornadas se construyen alrededor de comidas comunitarias, paseos, intercambios de impresiones al final del día —"qué luz tan bonita, qué pesadas las moscas, el blanco que se me ha olvidado, el pincel que se ha perdido"— y la convivencia entre quienes vienen del mundo del arte y quienes simplemente disfrutan de pintar.
No hay calificaciones, ni asistencia obligatoria, ni un programa cerrado. Las técnicas son opcionales: óleo, dibujo, acuarela, aguada. Lo que prima, recuerda Gloria, es tener ganas de trabajar.
Más allá del pincel
Cine, conferencias, exposiciones
A lo largo de los años, las jornadas han incorporado actividades culturales que enriquecen la semana. Exposiciones en la Sala Ricardo Segundo y en otros espacios de la comarca, conferencias de historia del arte, proyecciones de cine, visitas a pintores de la zona, y encuentros con la artesanía tradicional alistana —el telar, los mandiles de picote, la arquitectura popular—.
El conjunto compone una semana donde se mira mucho, se aprende de todos y se sale con la sensación de haber participado en algo que vale la pena conservar.
Crónicas
Ediciones
Aquí se irán recogiendo, edición tras edición, las crónicas de cada verano: programa, visitas, encuentros, fotografías y enlaces a la prensa.
Pintando en Sejas no es una actividad abierta a inscripciones a través de esta web. Se mantiene como un encuentro de pintura por invitación dentro del marco del taller permanente Ricardo Segundo, que Gloria dirige desde Valladolid desde 2003.